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Fredy Ramos Herrera “lo que los jóvenes necesitan, es una oportunidad”

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Fredy Ramos Herrera “lo que los jóvenes necesitan, es una oportunidad”

Fredy Ramos llegó a ser el líder de una pandilla de 50 jóvenes en las faldas del Cerro de la Popa, donde vivían despertando el odio de los vecinos, acabando con el comercio del barrio, extorsionando ancianos para transitar las calles, traficando drogas, participando en peleas y robando. Fredy era el jefe, daba las órdenes y las hacía cumplir con todo el conocimiento, ya que lidió con la drogadicción, el pandillismo y la violencia en su familia desde que nació.

Con veintitrés años en la actualidad, siente como si apenas estuviera comenzando a vivir. Su niñez fue muy triste, opacada por el odio de su madre, quien deseaba no haberlo traído nunca al mundo, y la indiferencia de su padre, que aún hoy niega su parentesco hacia él.

Para sobrevivir en esas circunstancias, no podía ser ‘el bueno’ de la familia, así que empezó a adaptarse a ese mundo, a participar en conductas delictivas, ser víctima de intentos de asesinato, ver morir amigos en medio de peleas que ellos mismos buscaban.

Un día se enteró que un profesor de fútbol estaba entrenando a sus muchachos de la pandilla. Como pudo, evitando ser visto por su comunidad confrontó al entrenador, quien le habló de Manuel Guillermo Pinzón, director ejecutivo de la Organización World Couch Colombia (OWCC), a través de la cual logró ingresar a la Escuela Taller Cartagena de Indias (ETCAR).

Con bastante resistencia y choques de convivencia por su agresividad permanente, inició su formación en el Taller de Cocina con un complemento en mesa y bar en 2012, con el apoyo también de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y la paciencia y dedicación del equipo humano de la ETCAR, que se convirtió en su primera familia.

Conoció otra Cartagena, una ciudad y personas diferentes a las que estaba acostumbrado. Aprendió a convivir en armonía, a relacionarse, y a ganarse la vida honradamente, pues al finalizar su formación, trabajó durante un año en el Hotel Cartagena Plaza como controlador de cocina.

Con emoción, ingresó a la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar, donde realizó un curso de fotografía profesional, importante para documentar su ocupación actual con la OWCC: lidera procesos en su comunidad, realiza talleres y conferencias en diferentes ciudades del país, habla de su experiencia para ayudar a otros jóvenes a transformar su vida, como su paso por la ETCAR transformó la suya.

Su trabajo lo mantiene siempre en contacto con la ETCAR, a la que regresa periódicamente con una inmensa gratitud, con una actitud diferente a la de aquel muchacho que llegó por primera vez hace cinco años.  

 

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